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miércoles, 21 de agosto de 2013

Nueva Tribuna


Los intereses de Alemania y España en la Unión Europea

Por Javier Doz | La Unión Monetaria se hace insostenible si siguen funcionando unos mercados de deuda pública, en euros, especulativos que generan divergencias insoportables. Que hacen pagar altos intereses a los Estados más necesitados al tiempo que benefician con dinero barato a las economías más fuertes.
 | 21 Agosto 2013 - 15:06 h.
Una cosa son los intereses nacionales entendidos como aquellos factores que promueven el bienestar, material o moral, de la ciudadanía de una nación o Estado, y otra cosa los intereses que pagan Estados, empresas y particulares por los préstamos que, voluntariamente o por obligación, solicitan. Pero en las economías modernas ambos conceptos están estrechamente relacionados.
La gran divergencia entre los tipos de interés que pagan empresas, grandes y pequeñas, particulares y gobiernos de los Estados de la Unión Europea que tienen una misma moneda, no sólo redunda en facilitar el bienestar de unos al tiempo que promueve, como su reverso, el malestar de otros. Hace difícilmente viable un proyecto común. La Unión Monetaria se hace insostenible si siguen funcionando unos mercados de deuda pública, en euros, especulativos que generan divergencias insoportables. Que hacen pagar altos intereses a los Estados más necesitados al tiempo que benefician con dinero barato a las economías más fuertes. Esto es lo que lleva sucediendo desde hace más de tres años y medio en la Unión Europea. Y a estas alturas parece claro que el gobierno que preside la Sra. Merkel no tiene excesivo interés en solucionarlo
Los beneficios que la inestabilidad financiera reporta a Alemania
Dos hechos muy recientes corroboran, sin mucho espacio para la duda, la afirmación que la mayoría de los críticos de la política europea de la canciller Merkel venimos haciendo: la prolongación de la crisis de las deudas soberanas europeas, motivada porque la UE no ha adoptado las medidas necesarias para resolverla, beneficia fuertemente a las arcas del Tesoro alemán.
La prolongación de la crisis de las deudas soberanas europeas beneficia fuertemente a las arcas del Tesoro alemán.
Una demostración indirecta la tenemos en la evolución de los tipos de interés del bono alemán a diez años desde que los mejores datos de crecimiento de la zona euro -sobre todo la salida de la recesión en el 2º trimestre por el arrastre de las economías alemana y francesa- han tranquilizado a los mercados de deuda y hecho reducir la prima de riesgo de los países del Sur. El bono alemán, que el verano pasado cuando la prima de riesgo española escaló hasta los 650 puntos básicos llegó a tener un tipo de interés de apenas el 1,10 %, ha venido subiendo ante los más tranquilizadores -aunque coyunturales e inciertos- datos macroeconómicos europeos. En estos días ronda el 1,90%, camino probablemente del 2%. Aunque, claro, la tendencia se romperá si vuelven, como es previsible, los sobresaltos.
La inestabilidad financiera, mantenida durante un periodo inusualmente largo de tiempo y derivada del fracaso de las políticas iniciadas en la reunión del Ecofin de los días 9 y 10 de mayo de 2010, al tiempo que ha pesado como una losa sobre las arcas públicas de España y de los países del Sur al obligar a pagar altísimos tipos de interés por las crecientes necesidades de emisión de deuda pública, ha beneficiado mucho al Tesoro alemán. Lo que el Tesoro alemán paga por los bonos de su voluminosa deuda pública (superó el 90% del PIB, aunque hoy ya sólo es de poco más del 80%) ha ido bajando fuertemente al calor de cada sobresalto en los mercados financieros, en particular en los de deuda pública. Incluso, como se sabe, los bonos a corto plazo han llegado a tener tasas de interés nominales negativas.
Las paradoja es solo aparente. Cuando aumenta la desconfianza sobre la posibilidad de que los Estados con más altos niveles de déficit o/y deuda y económicamente más débiles puedan hacer frente a sus compromisos financieros, los inversores huyen de la deuda de esos países, encareciéndola, y se refugian en la deuda alemana, abaratando sus tipos. Cuando las perspectivas de las economías reales mejoran, incluso si la mejora proviene de un crecimiento del PIB germano más alto de lo esperado, a los inversores de unos mercados fuertemente especulativos y escasamente regulados les resulta menos atractiva la deuda alemana. Hacen que sus tipos vuelvan a crecer y de nuevo compran deuda de los Estados periféricos cuyos tipos, a su vez, bajan.
Por eso, haber mantenido durante tanto tiempo un grave problema sin resolver, actuando sólo in extremis para evitar la catástrofe (quiebras de Estado o ruptura del euro), ha supuesto un negocio redondo para la República Federal Alemana.
Schäulbe, en campaña electoral, confiesa   
Una cuantificación -no la única, pero sí la más autorizada, aunque interesada- de lo mucho que ha ganado Alemania en los más de tres años y medio de inestabilidad financiera nos la ha dado, finalmente, el propio ministro de finanzas del gabinete de Merkel, Wolfgang Schäulbe. Tal vez presionado por la campaña electoral alemana -en la que está muy presente el sofisma de "lo mucho que le cuesta a Alemania sostener a los despilfarradores socios del Sur de Europa"-, y olvidando las críticas que le pueden llover desde los Estados que, como el español, sufren simétricamente como pérdidas sus ganancias, Schäulbe ha respondido al diputado del SPD, Joachim Poss, que Alemania se ha ahorrado nada menos que 40.900 millones de euros, en los últimos cinco años, por los bajos tipos de interés que paga por su deuda. Lo cuenta Der Spiegel.
Alemania se ha ahorrado nada menos que 40.900 millones de euros, en los últimos cinco años, por los bajos tipos de interés que paga por su deuda.
En mi opinión se queda voluntariamente corto. Otros analistas han situado esa cifra entre los 80.000 y los 100.000 millones de euros. El dato de Schäulbe se corresponde aproximadamente con lo que resultaría de aplicar a la deuda alemana -2,67 billones de euros en 2012- una bajada de tipos de interés de dos puntos porcentuales que es de la que, por término medio, se ha beneficiado la deuda alemana a largo plazo entre 2010 y 2012. Pero, entre 2007 y 2009 los tipos de interés del bono alemán a diez años se movieron entre el 3% y el 4,6%, con lo que el diferencial medio con respecto a los tipos de 2012 se situaría, si adelantamos el intervalo de cálculo, en cerca de los tres puntos porcentuales. Además, el ahorro hay que sumarlo año tras año, lo que incrementaría notablemente la cifra. Un cálculo de esta naturaleza es complejo y laboriosísimo y tiene que utilizar hipótesis no demostrables matemáticamente. Por supuesto, no conocemos las hipótesis y procedimientos utilizados por Schäulbe.

Sí: es un juego de suma cero y nos han perjudicado gravemente
¿Y cuanto paga de más, España, por una deuda pública cuyo volumen alcanzó, en 2012, los 883.873 millones de euros? La respuesta es igualmente complicada y depende de las hipótesis que se establezcan. Una de ellas sería la de que, si en lugar de pagar por nuestros bonos a diez años en torno a un 4,5%, cifra actual que parece contentar al Gobierno de Rajoy, lo hiciéramos al 2,5% -tipo razonable de una deuda europea común cifrada en euros- la diferencia se situaría en el entorno de los 17.000 millones de euros anuales. Y conviene no olvidar que las emisiones de deuda española a 10 años tuvieron en los años 2010, 2011 y 2012 unos tipos medios del 5,37%, 5,50% y 5,34% respectivamente.
¿Y cuanto paga de más, España, por una deuda pública cuyo volumen alcanzó, en 2012, los 883.873 millones de euros?
Algunos responsables políticos europeos, como el inefable comisario Rehn, se atreven a decir que las cosas están mejorando gracias a las políticas de austeridad, recortes sociales y reformas estructurales que se dictan desde 2010. La realidad es justo la contraria. Sólo cuando dichas políticas se han relajado algo se ha producido una, todavía incierta, reacción positiva. En el tema que nos ocupa convendría recordar cual ha sido la evolución de la prima de riesgo española, antes y después de la fatídica fecha, tan querida por el Sr. Rehn. Según los datos de la Central de Balances del Banco de España, que miden los valores medios anuales, la prima de riesgo española (diferencia entre los tipos de interés de los bonos de deuda pública a diez años alemanes y españoles, multiplicada por cien) ha tenido la siguiente evolución: 2007 (10); 2008 (75); 2009 (60); 2010 (247); 2011 (343); 2012 (401).
Aunque no toda la responsabilidad de esta nefasta evolución se deba achacar a las decisiones políticas impuestas por la UE a partir de mayo de 2010, es imposible dejar de atribuir a la austeridad y a las “reformas” una parte muy importante de una evolución tan negativa para los gastos de la financiación del Estado español. No olvidemos que una de las justificaciones más publicitadas de aquellas medidas que todavía hoy estamos sufriendo era la de que así se facilitaría la confianza de los mercados y una financiación más asequible. Ha ocurrido justo lo contrario.
Y no olvidaremos nunca lo que estos fríos números han conllevado: recesión, desempleo masivo, pobreza, malnutrición infantil, reducción de salarios y pensiones, desigualdad, deterioro de los servicios públicos e hipoteca de nuestro futuro por el deterioro de la educación y el esfuerzo en investigación, desarrollo e innovación.
Ahora sabemos con cifras -en todo caso discutibles por ser, si acaso,  excesivamente reducidas- que el reverso de la medalla es que Alemania y los países económicamente más sólidos de la Zona euro sacaban un enorme provecho de esta situación bajo la forma de ahorros de decenas de miles de millones de euros por reducción de los pagos por intereses de sus deudas públicas, lo que les ha permitido no realizar recortes sociales e, incluso, en algunos países como Alemania ciertas pequeñas mejoras. Y, por si fuera poco –y esto daría para otro artículo- los bancos alemanes, luxemburgueses, austríacos, holandeses (y suizos) han recibido cientos de miles de millones de euros de capitales fugados de los países del Sur de Europa.
Así no se puede seguir
Una conclusión clara se extrae de todo esto: las políticas que mantienen abierta la inestabilidad de los mercados de deuda pública favorecen mucho a Alemania, perjudican gravemente a España y a otros países periféricos y perjudican gravemente a la UE, poniendo en cuestión su propia existencia.
Una segunda conclusión irrebatible es que una Unión Monetaria construida y mantenida sin los requisitos de una “zona monetaria óptima” es insostenible. No se puede mantener por más tiempo la ficción de un proyecto político común con una moneda común que está produciendo tales asimetrías y divergencias, tanto beneficio para algunos y perjuicio para otros. 
Una segunda conclusión irrebatible es que una Unión Monetaria construida y mantenida sin los requisitos de una “zona monetaria óptima” es insostenible.
Mantener al euro al borde del abismo durante tres años y medio, sólo actuando in extremis para que no se rompa: ¿ha sido una política impuesta por Alemania a los países del Sur de Europa para obtener los grandes beneficios fiscales que ahora Schäulbe reconoce? Sería tal vez excesivo responder que sí, pero no descabellado. Seguramente la intención no haya sido que los griegos, portugueses, españoles o italianos lo pasáramos tan mal, pero los resultados son los mismos y, en absoluto, se les ve intención de rectificar. La combinación del dogmatismo de la vigente economía política alemana conservadora -mezcla del ordoliberalismo tradicional con algunos principios de las economías neoclásica y de la oferta- con la falta de cualquier estratégica política para Europa de la supertacticista del corto plazo, Sra. Merkel, han sacrificado los interese de la UE, de España y de los países del Sur, a los intereses nacionales de Alemania.
Hay alternativas
Hay alternativas. A las políticas de austeridad y al fracaso de la Unión Monetaria. Algunas de las que se han formulado a las políticas de austeridad provienen del movimiento sindical: de la CES, de CC OO y de la propia Confederación Alemana de Sindicatos (DGB) que ha realizado una propuesta muy interesante de un Nuevo Plan Marshall para Europa.
Hoy parece fuera de duda que para mantener un euro que salvaguarde los interese nacionales de todos los Estados y los propios del proyecto común es necesario reformar profundamente la Unión Económica y Monetaria (UEM). No basta una Unión bancaria. Menos aún la limitadísima versión que pretende establecer Berlín. La reforma de la UEM tiene que establecer, como mínimo: un Banco Central con funciones similares a la Reserva Federal de los EE UU (estabilidad de precios, crecimiento y empleo); crear un Tesoro europeo que pueda emitir deuda común en euros; armonizar fiscalmente la UE y adoptar políticas fiscales comunes en la Zona euro; constituir un gobierno económico democrático; etc. Es necesario que haya “más Europa”, pero que sea una Europa realmente distinta a la que tenemos.  Otra Europa mucho más democrática y transparente y que preserve, restaure y refuerce su seña de identidad más diferencia, atractiva e integradora: su Modelo Social.
Los políticos españoles y de otros países, los partidos europeos (si es que existen) tendrían que decirlo alto y claro: ya basta, así no se puede seguir.
Los políticos españoles y de otros países, los partidos europeos (si es que existen) tendrían que decirlo alto y claro: ya basta, así no se puede seguir. Y ser capaces de formular un nuevo proyecto político europeo y la estrategia para alcanzarlo, abriéndose para ello a la participación de la ciudadanía y contando con las organizaciones representativas de la sociedad civil, en particular de los interlocutores sociales. La cita de las próximas elecciones europeas debería servir de estímulo para ello, para huir del estéril tacticismo de quienes tienen como único objetivo el conservar o alcanzar el poder en las siguientes elecciones nacionales. Cualquier nuevo proyecto tiene que ser capaz de integrar los intereses nacionales de los Estados y de la gran mayoría de la ciudadanía que son los trabajadores y las trabajadoras. Lo que ha dejado de hacer la UE en los últimos años. 
En estos días ha sido, de nuevo, un gran pensador alemán, Jürgen Habermas, quien ha criticado con duros y certeros términos la política del Gobierno de su país, por centrarse en la defensa de su limitada visión de los intereses nacionales alemanes, y ha reclamado profundas reformas en la UE, ("Cuando las élites fracasan"; El País, 20 de agosto de 2013). Antes lo hicieron Josckha Fischer y Ulrich Beck. Una de las muchas cosas buenas que nos siguen viniendo de Alemania es, sin duda, el pensamiento crítico.

martes, 20 de agosto de 2013

Los beneficios para Alemania de la inestabilidad financiera europea

   Dos hechos muy recientes corroboran, sin mucho espacio para la duda, la afirmación que una parte de los críticos de la política europea de la canciller Merkel venimos haciendo desde mayo de 2010: la prolongación de la crisis de las deudas soberanas europeas debida a que la UE no ha adoptado las medidas necesarias que la resuelvan -y ya llevamos más de tres años y medio en esa situación- beneficia fuertemente a las arcas del Tesoro alemán.

   Una demostración indirecta -"sensu contario" o por "reducción al absurdo"- la tenemos en la evolución de los tipos de interés del bono alemán a diez años desde que los mejores datos de crecimiento de la zona euro -sobre todo la salida de la recesión en el 2º trimestre por el arrastre de las economías alemana y francesa- han tranquilizado los mercados de deuda y hecho reducir la prima de riesgo de los países del Sur de la Zona euro. El bono alemán que el verano pasado, cuando la prima de riesgo española escaló hasta los 650 puntos básicos, llegó a tener un tipo de interés de apenas el 1,10 %, ha venido subiendo ante los más tranquilizadores -aunque coyunturales e inciertos- datos macroeconómicos europeos. En estos días ronda el 1,90%, camino probablemente del 2%. Aunque, claro, la tendencia se romperá si vuelven, como es previsible, los sobresaltos.

   La inestabilidad financiera, mantenida durante un periodo inusualmente largo de tiempo y derivada del fracaso de las políticas iniciadas en la reunión del Ecofin de los días 9 y 10 de mayo de 2010, al tiempo que ha pesado como una losa sobre las arcas públicas de España y de otros países del Sur, al obligar a pagar altísimos tipos de interés por las crecientes necesidades de emisión de deuda pública, ha beneficiado mucho al Tesoro alemán. Lo que el Tesoro alemán paga por los bonos de su voluminosa deuda pública (superó el 90% del PIB, aunque hoy ya sólo es de poco más del 80%) ha ido bajando fuertemente al calor de cada sobresalto en los mercados financieros, en particular en los de deuda pública. Incluso, como se sabe, los bonos a corto plazo han llegado a tener tasas de interés nominales negativas.

  Esta situación es fácil de explicar. Cuando aumenta la desconfianza sobre la posibilidad de que los Estados con más altos niveles de déficit o/y deuda y económicamente más débiles puedan hacer frente a sus compromisos financieros, los inversores huyen de la deuda de esos países, y la encarecen, y se refugian en la deuda alemana abaratando sus tipos. Cuando las perspectivas de las economías reales mejoran, incluso si las mejora provienen de un crecimiento del PIB germano más alto del esperado, a los inversores de unos mercados fuertemente especulativos y escasamente regulados les resulta menos atractiva la deuda alemana. Hacen que sus tipos vuelvan a crecer y de nuevo compran deuda de los Estados periféricos cuyos tipos, a su vez, bajan.

   Una cuantificación -no la única pero sí muy autorizada- de lo mucho que ha ganado Alemania con los tres años y medio de inestabilidad financiera, inducida por la política que ha impuesto al resto de Europa, nos la ha dado, finalmente, el propio ministro de finanzas del gabinete de Merkel, Wolfgang Schäulbe. Tal vez presionado por la campaña electoral alemana, en la que está presente el tema de "lo mucho que le cuesta a Alemania sostener a los despilfarradores socios del Sur de Europa", y olvidando lo mucho que le pueden criticar desde los Estados que, como el español, sufren simétricamente como pérdidas sus ganancias, Schäulbe ha respondido al diputado del SPD, Joachim Poss,que Alemania se ha ahorrado nada menos que 40.900 millones de euros, en los últimos cinco años, por los bajos tipos de interés que paga por su deuda.

   En mi opinión se queda voluntariamente corto. Otros analistas han situado esa cifra entre los 80.000 y los 100.000 millones de euros. El dato de Schäulbe se corresponde aproximadamente con lo que resultarían de aplicar a la deuda alemana -2,67 billones de euros en 2012- una bajada de tipos de interés de dos puntos porcentuales que es de la que, por término medio, se ha beneficiado la deuda alemana a largo plazo entre 2010 y 2012. Pero, entre 2007 y 2009 los tipos de interés del bono alemán a diez años se movieron entre el 3% y el 4,6%, con lo que el diferencial medio con respecto a los tipos de 2012 se situaría, si adelantamos el intervalo de cálculo, en cerca de los tres puntos porcentuales. Además, el ahorro hay que sumarlo año tras año, lo que incrementaría notablemente la cifra. Un cálculo de esta naturaleza es complejo y laboriosísimo y tiene que utilizar hipótesis no demostrables matemáticamente. Por supuesto, no conocemos las hipótesis y procedimientos utilizados por Scháulbe.

   ¿Y cuanto paga de más, España, por una deuda pública cuyo volumen alcanzó, en 2012, los 883.873 millones de euros? Pues, si en lugar de pagar nuestros bonos a diez años en torno a un 4,5%, cifra actual que parece contentar al Gobierno de Rajoy, lo hicieramos al 2,5% -tipo razonable de un eurobono- nos ahorraríamos más de 17.000 millones de euros anuales. 

   Las conclusiones son claras: las políticas que mantienen abierta la inestabilidad de los mercados de deuda pública favorecen mucho a Alemania, perjudican gravemente a España y a otros países periféricos y perjudican gravemente a la UE, poniendo en cuestión su propia existencia. Yendo más allá: una Zona euro construida y mantenida sin los requisitos de cualquier zona monetaria común es insostenible. Es intolerable que se mantenga por más tiempo la ficción de un proyecto político común con una moneda común que está produciendo tales asimetrías y divergencias, tanto beneficio para algunos y perjuicio para otros.

  Los políticos españoles y de otros países tendrían que decirlo alto y claro, en mi opinión desde una propuesta alternativa claramente europeísta que existe. Hoy lo ha vuelto a decir un gran pensador alemán, Jürgen Habermas, en un articulo publicado en El País con el título de "Cuando las élites fracasan" ( http://elpais.com/elpais/2013/08/13/opinion/1376411438_682870.html ). Como antes lo hicieron Josckha Fischer o Ulrich Beck. Porque de las muchas cosas buenas que nos siguen viniendo de Alemania, una de ellas es el pensamiento crítico.