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martes, 26 de mayo de 2015

La política migratoria de la UE: la insolidaridad como lema

El artículo que sigue fue publicado en el Blog de la Fundación 1º de Mayo del diario digital Público.es

http://blogs.publico.es/uno-mayo/2015/05/26/la-politica-migratoria-de-la-ue-la-insolidaridad-como-lema/

¡Vergogna!, pronunció el Papa Francisco, contundente y sintético, al referirse a las muertes de miles de refugiados y emigrantes en las aguas del Mediterráneo y a la insensibilidad de los gobiernos europeos, incapaces de encontrar una solución racional y solidaria a la matanza. ¿Qué podemos decir ahora al constatar que la principal solución encontrada por los responsables políticos de la UE y de los gobiernos europeos es la de atacar militarmente a las bandas de traficantes de personas y procurar hundir, si se puede, los barcos que utilizan? Aunque con gestos de esta naturaleza quieran aparentar energía de cara a una parte de las opiniones públicas, sensibles a los postulados de las derechas nacionalistas y xenófobas, los líderes políticos europeos saben que la etapa final de su acción militar –la actuación de buques de guerra europeos contra las embarcaciones de los traficantes en aguas territoriales libias- difícilmente contaría con la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿O es que no se acuerdan de las repercusiones geopolíticas que tuvo la ampliación unilateral del mandato de la ONU de proteger a la población de la Cirenaica de las amenazas de Gadafi al objetivo de facto de derribar su régimen, con las consecuencias que todos conocemos? ¿Es que piensan que Rusia no ejercería su derecho de veto? ¿O se volvería a actuar al margen de Naciones Unidas?

En todo caso, esa aparente contundencia contra uno de los actores malos de esta dramática película no oculta el escandaloso hecho de que fuese la única medida supuestamente aprobada en la reunión de ministros de exteriores y defensa de la UE, el pasado 18 de mayo; y que estuviese acompañada de un bochornoso debate acerca del modo de repartir entre sus países la ridícula cifra de 20.000 refugiados anuales. Sobre este punto no se llegó a ningún acuerdo por la negativa de bastantes países europeos a aceptar las cifras propuestas por la Comisión Europea, o el hecho mismo de que la Comisión les dijera algo al respecto. El contraste entre lo acordado y lo rechazado lo dice todo acerca de los bajísimos niveles de sensibilidad política y moral que tienen quienes hoy gobiernan Europa, máxime si se tiene en cuenta quienes son las naciones que están realmente cargando con el dramático problema de los refugiados y cuales ha sido la responsabilidades políticas de los gobiernos europeos –y de los EE UU, por supuesto- en la génesis o/y gestión de los conflictos bélicos del Norte de África y el Oriente Próximo que están produciendo buena parte de esos refugiados.

Según los últimos datos publicados por ACNUR, correspondientes a 2014, los refugiados en el mundo han alcanzado la cifra de 51,2 millones de personas, cifra récord desde el fin de la 2ª Guerra Mundial. De ellos, 33,3 millones son desplazados internos en sus propios países. El 86% de los mismos malviven en los países más pobres del mundo, los denominados en la jerga actual “países en vías de desarrollo”. Las naciones desarrolladas y emergentes, juntas, apenas acogen a 7,2 millones del total. En toda la UE hay actualmente 435.000 refugiados, de los que sólo tienen reconocido el estatuto de refugiado 185.000. Estas cifras suponen apenas el 0,85% y el 0,36%, respectivamente, del total de refugiados. Aún si comparamos las cifras europeas sólo con el total de refugiados que viven fuera de sus países de origen, 18 millones, todos los Estados miembros de la UE estarían acogiendo, de hecho, apenas el 2,42% del total de refugiados expatriados, y habrían reconocido jurídicamente su estatuto de refugiado a sólo el 1.02% de ese total. Sólo la Guerra Civil de Siria, ahora ya superpuesta a la guerra yihadista promovida por Estado Islámico en Siria e Iraq, ha producido ya 3,5 millones de refugiados expatriados y 6,5 millones de desplazados internos. Al lado de todas estas cifras ¿Qué se puede decir de la pelea de los gobiernos europeos por la distribución de la ridícula cifra de 20.000 refugiados al año en toda la UE? ¿Y qué más del hecho de que tampoco se atienden los angustiosos llamamientos de ayuda financiera de ACNUR para atender a millones de personas en unos campos de refugiados sobresaturados? No cabe sino decir bien alto: ¡es una vergüenza! Todo un monumento al egoísmo y la insolidaridad, que lo dice todo acerca de una UE desnortada en casi todas sus señas de identidad durante la última década.

El severo juicio que merecen los responsables políticos de la UE y los gobiernos europeos por actuar así, se ve agravado por la responsabilidad política que tienen algunos de los gobiernos de nuestro continente –aquí sí que hay que individualizar las responsabilidades- en la generación de algunos de los conflictos político militares -o en los errores en la intervención en ellos-, que están provocando los refugiados que ahora se rechazan. El principal ejemplo es el surgimiento del Estado Islámico. Es inseparable de la desastrosa intervención militar de los Estados Unidos y el Reino Unido y otras naciones europeas en Iraq (2003), y de la posterior disolución del ejército y del Estado del régimen baasista. No hay más que repasar el estado mayor y la nómina de dirigentes militares de la organización terrorista/Estado que preside Abubaker al Bagdadi para encontrarse con muchos destacados oficiales del Ejército y de los servicios secretos de Sadam Hussein. Si desastrosa ha sido, sin duda, la guerra de Iraq desde un punto de vista geoestratégico, desde un punto de vista político y moral habría que calificarla de ilegítima e ilegal. Y en la nómina de los políticos irresponsables que acompañaron a George W. Bush, en las Islas Azores, a dictar el ultimátum que la desencadenó -aduciendo motivos que ya entonces eran manifiestamente falsos-, estaban –nunca nos olvidaremos- los primeros ministros del Reino Unido (Blair) y España (Aznar).

Hoy, las consecuencias de la Guerra de Iraq complican el ya de por sí difícil final de la Guerra Civil Siria. Si en los orígenes de la misma, al igual que en las demás rebeliones de la Primavera Árabe, están el rechazo de la tiranía por el pueblo y la resistencia del régimen dictatorial a aceptarlo, la pronta intromisión del yihadismo en el conflicto, con fines bien diferentes, provocó una cadena de vacilaciones, contradicciones y errores (involuntarios y voluntarios) por parte de los enemigos del Gobierno de al-Asad: las naciones occidentales, los Estados del Golfo y Turquía. Inicialmente, sus armas y pertrechos llegaron también a la oposición islamista, la mayor parte de cuyos combatientes se integraron finalmente en el Frente Al Nusra (Al Qaeda) y el Estado Islámico de Iraq y el Levante. Las monarquías (teocráticas y suníes) del Golfo y Turquía continuaron estos suministros bastante tiempo más allá que los EE UU. Incluso, una vez que el Estado Islámico proclamó el Califato en amplias porciones del territorio de Iraq y Siria, Turquía siguió permitiendo el contrabando de petróleo a través de su frontera con Siria, su principal fuente de financiación. Y Turquía es miembro de la OTAN.

Y para terminar: Libia. De este país parten la mayoría de los barcos repletos de refugiados (la mayoría) y emigrantes económicos. La destrucción del frágil Estado libio ha llevado al país al caos, a una nueva guerra civil y a la condición –no se sabe si temporal- de Estado fallido, en el que Estado Islámico está construyendo su base territorial más cercana a Europa. Pues bien, nadie duda que a esta situación contribuyó la violación del mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, y la ampliación de los bombardeos intensivos hasta que el régimen de Gadafi fue destruido (y su líder asesinado por linchamiento). Los bombardeos, ejecutados por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, fueron apoyados militarmente por otras naciones europeas, entre ellas España, y políticamente por la UE.

Y ahora, la UE, presos muchos de sus líderes por el ascenso de corrientes nacionalistas y xenófobas en sus opiniones públicas o en el interior de sus propios partidos, mira para otro lado sobre el drama de los refugiados, en otro alarde de insolidaridad y egoísmo –y ceguera estratégica- hacia sus vecinos del Sur.

En los últimos tiempos, son ya demasiadas las equivocaciones, malas orientaciones e insuficiencias acumuladas por las políticas exteriores, de seguridad y de migraciones de la UE, o de uno o varios de sus principales Estados. Entre ellas: promover o participar en intervenciones militares y desentenderse de las consecuencias geoestratégicas, políticas y sociales posteriores de las mismas; hacerlo, en ocasiones, al margen de la legalidad internacional; volver a apoyar a las dictaduras –como la egipcia de Al-Sisi- como remedio frente al ascenso del islamismo, al tiempo que se racanea la ayuda económica al único país democrático, Túnez, que queda de la Primavera Árabe; etc. Y en el tema que nos ocupa: primacía absoluta de un enfoque de seguridad interna, insolidario y egoísta, sobre los de política migratoria común europea, cooperación para el desarrollo económico y social y la democracia política de los vecinos del Sur, y cumplimiento de las obligaciones de los convenios internacionales sobre los refugiados de la ONU.

Algunos dirán, con razón, que no se puede esperar que los responsables políticos de la austeridad, de los recortes salariales y laborales y de la devaluación de rentas de los europeos (de trabajadores y clases medias, no de los más ricos, por supuesto), y del acoso que sufre el gobierno griego de Syriza, se aparten de los rumbos de insolidaridad, egoísmo nacional y ceguera estratégica que caracterizan hoy su falta de proyecto europeo de futuro, para ser generosos con los que vienen de fuera.

Yo sólo añadiré que ambas conductas son las dos caras de la misma mala moneda política, que lo que decidieron y lo que no fueron capaces de decidir los ministros de exteriores y de defensa el 18 de mayo es una vergüenza, y que todo ello apuntala mi convicción de que la UE sólo tiene salvación si se produce un profundo cambio político –una refundación política de Europa- basada en la democracia, la igualdad y el progreso social, y la solidaridad. Todo un programa de cambio para realizar en Europa que requiere que sus Estados miembros avancen en la misma dirección. Difícil pero necesario.

viernes, 22 de mayo de 2015

Crisis, democracia e igualdad

Publico, a continuación,las versiones castellana y catalana del artículo aparecido en la revista Perspectiva. 

El enlace con el número de mayo de esta revista electrónica de CC OO de Ctaluña es: http://perspectiva.ccoo.cat/



Crisis, democracia e igualdad

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Javier Doz
Presidente de la Fundación 1º de Mayo



Desigualdad y retroceso democrático son vectores políticos y sociales que están en la génesis de la actual crisis financiera y económica. Por su parte, la crisis está causando una desigualdad aún más profunda y erosionando, todavía más, la calidad de la democracia, desde las estructuras del poder político pero también desde algunas corrientes sociales.
Como han mostrado autores como Stiglitz (2012), Krugman (2012) y Piketty (2014),  el crecimiento de la desigualdad se encuentra entre los factores principales que  han provocado la Gran Recesión. Resumiendo: los ricos a especular, trabajadores y clases medias a endeudarse, y los bancos a endeudarse todo lo que pudieron para prestar a ambos y especular ellos mismos, en beneficio de unos directivos que se pusieron a sí mismos unas descomunales retribuciones a costa de todos. Los gobiernos, es decir los contribuyentes, han pagado la factura. Kumhof y Rancière (2010), economistas del FMI, han destacado la desigualdad como causa de la crisis, comparando las dos últimas grandes crisis del capitalismo (1929 y 2007/2008); y la relacionan certeramente con el debilitamiento de la fuerza de los sindicatos. El debilitamiento de la negociación colectiva sumado a unas reformas fiscales regresivas produjeron, en EE UU, en las décadas anteriores al estallido de ambas crisis una fuerte desviación en la distribución de la renta en beneficio de la parte de la población de mayores ingresos (el 10% y mucho más aún para el 1% más rico). Joseph Stiglitz (2012) analiza con rigor la mutua interacción entre la desigualdad y el retroceso de la democracia para generar la crisis. Los ámbitos supranacionales con pocas reglas y menos gobierno, es decir con nula democracia, son los ideales para que el capital financiero y las empresas multinacionales impongan sus reglas e intereses. Pero en los Estados nación, donde los gobiernos son elegidos según sistemas democráticos formales –lejos de mi intención contraponer lo formal a lo real, hablando de democracia, como no sea para exigir ambas cualidades-, medios de comunicación, thing tanks, lobbies y demás aparatos ideológicos desempeñan un papel vital para cambiar las percepciones de la gente y hacer que se gobierne al servicio de las élites económicas y contra los intereses de las mayorías.
La gestión de la crisis por las instituciones de la UE, bajo la hegemonía política del gobierno alemán y la ideológica de su economía política (mix de ordoliberalismo, economía neoclásica y consenso de Washington) no sólo ha sido ineficiente e injusta,  según sus resultados en términos de crecimiento, paro, pobreza y desigualdad, sino que ha sido escandalosamente antidemocrática. Los supuestos avances en la gobernanza europea, del Pacto por el euro plus al nuevo Tratado (Pacto Fiscal), están diseñados, ante todo, para imponer la austeridad, las reformas-recortes y la devaluación interna, y conllevan –fondo y forma se complementan- un clamoroso déficit democrático. La cima de la falta de democracia en la gestión de la crisis ha sido la acción de troika en los países “rescatados”. Lo ha reconocido el presidente Juncker en una asombrosa confesión: “En la Comisión nunca se habló de la troika y sus mandatos”. Entonces, ¿Quién decidió imponer sus brutales recortes que violaron constituciones, leyes o convenios fundamentales de la OIT? El desprecio por el cumplimiento de las normas legales fundamentales es uno de los rasgos más característicos de la conducta antidemocrática.
Si en la génesis y el mal gobierno de la crisis están la desigualdad y el déficit democrático, sus consecuencias también deterioran las libertades y la democracia. Por un lado, han hecho crecer fuertemente en muchos países europeos corrientes sociales y políticas de extrema derecha, xenófobas y antieuropeas que suponen un peligro real para la democracia (hay que alegrarse, y mucho, de que en España sean fuerzas como Podemos y Ciudadanos las que “amenazan” el establishment político). Por otro, padecemos la respuesta autoritaria de los gobiernos a la protesta social motivada por la crisis. En autoritarismo, el gobierno del PP está a la cabeza de Europa (en el 2º lugar, probablemente, tras el húngaro de Viktor Orbán). La “resurrección” del artículo 315.3 del Código Penal, contra el derecho de huelga, y las leyes de seguridad ciudadana y de reforma del C.P., contra los de reunión y manifestación y la libertad de expresión, son algunas de sus acciones más descollantes contra la calidad de nuestra democracia.
Como conclusión diré que la salida de la crisis y la construcción de un modelo de crecimiento sostenible tienen que venir acompañadas de un fuerte avance, en la realidad social y política, de los valores de la igualdad y la libertad; y de la capacidad de promover movilizaciones sindicales, sociales y políticas de carácter supranacional y articularlas con las que se producen en los ámbitos nacionales. La lucha por la igualdad y la democracia son hoy, de nuevo, inseparables. Más capacidad de control democrático de las instituciones políticas; más participación de la ciudadanía en la vida política, incluida la institucional; y la ruptura de los profundos lazos de mutua dependencia entre las élites políticas y económicas, son las claves para avanzar en la igualdad y la libertad y para construir un orden social, nacional e internacional, democrático, justo y sostenible.
Referencias bibliográficas
  • Krugman, Paul (2012). “Acabad ya con esta crisis”. Ed. Crítica, Barcelona.
  • Kumhof, Michael y Rancière, Romain (2010). “Inequality, Leverage and Crises”. International Monetary Fund. Research Department, Washington.
  • Piketty, Thomas (2014). “El capital en el siglo XXI”. Fondo de Cultura Económica. México,D.F.
  • Stiglitz, Joseph E. (2012). “El precio de la desigualdad”. Santillana Ed.Gen.,Madrid.


Crisi, democràcia i igualtat

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Javier Doz
President de la Fundació 1r de Maig



Desigualtat i retrocés democràtic són vectors polítics i socials que estan en la gènesi de l’actual crisi financera i econòmica. Per la seva banda, la crisi està causant una desigualtat molt més profunda i erosionant, encara més, la qualitat de la democràcia, des de les estructures del poder polític però també des d’algunes corrents socials.
Com han mostrat autors com Stiglitz (2012), Krugman (2012) i Piketty (2014), el creixement de la desigualtat es troba entre els factors principals que han provocat la Gran Recessió. Resumint: els rics a especular, treballadors i classes mitjanes a endeutar-se, i els bancs a endeutar-se tot el que van poder per prestar a tots dos i especular ells mateixos, en benefici d’uns directius que es van posar a si mateixos unes descomunals retribucions a costa de tots . Els governs, és a dir, els contribuents, han pagat la factura. Kumhof i Rancière (2010), economistes de l’FMI, han destacat la desigualtat com a causa de la crisi, comparant les dues últimes grans crisis del capitalisme (1929 i 2007/2008); i la relacionen precisament amb el debilitament de la força dels sindicats. El debilitament de la negociació col·lectiva sumat a unes reformes fiscals regressives van produir, als Estats Units, en les dècades anteriors a l’esclat de les dues crisi una forta desviació en la distribució de la renda en benefici de la part de la població de majors ingressos (el 10 % i molt més encara per a l’1% més ric). Joseph Stiglitz (2012) analitza amb rigor la mútua interacció entre la desigualtat i el retrocés de la democràcia per generar la crisi. Els àmbits supranacionals amb poques regles i menys govern, és a dir amb nul·la democràcia, són els ideals perquè el capital financer i les empreses multinacionals imposen les seves regles i interessos. Però en els Estats nació, on els governs són escollits segons sistemes democràtics formals -lluny de la meva intenció contraposar allò formal a la realitat, parlant de democràcia, com no sigui per exigir ambdues qualitats-, mitjans de comunicació, thing tanks, lobbies i altres aparells ideològics tenen un paper vital per canviar les percepcions de la gent i fer que es governi al servei de les elits econòmiques i contra els interessos de les majories.
La gestió de la crisi per les institucions de la UE, sota l’hegemonia política del govern alemany i la ideològica de la seva economia política (mix de ordoliberalisme, economia neoclàssica i consens de Washington) no només ha estat ineficient i injusta, segons els seus resultats en termes de creixement, atur, pobresa i desigualtat, sinó que ha estat escandalosament antidemocràtica. Els suposats avenços en la governança europea, del Pacte per l’euro plus al nou Tractat (pacte fiscal), estan dissenyats, sobretot, per imposar l’austeritat, les reformes-retallades i la devaluació interna, i comporten -fons i forma es complementen- un clamorós dèficit democràtic. El cim de la manca de democràcia en la gestió de la crisi ha estat l’acció de troica en els països “rescatats”. Ho ha reconegut el president Juncker en una sorprenent confessió: “A la Comissió mai es va parlar de la troica i els seus mandats”. Llavors, qui va decidir imposar les seves brutals retallades que van violar constitucions, lleis o convenis fonamentals de l’OIT? El menyspreu pel compliment de les normes legals fonamentals és un dels trets més característics de la conducta antidemocràtica.
Si en la gènesi i el mal govern de la crisi estan la desigualtat i el dèficit democràtic, les seves conseqüències també deterioren les llibertats i la democràcia. D’una banda, han fet créixer fortament en molts països europeus corrents socials i polítiques d’extrema dreta, xenòfobes i antieuropees que suposen un perill real per a la democràcia (cal alegrar-se, i molt, que a Espanya siguin forces com Podem i Ciutadans les que “amenacen” l’establishment polític). De l’altra, patim la resposta autoritària dels governs a la protesta social motivada per la crisi. En autoritarisme, el govern del PP està al capdavant d’Europa (en el 2º lloc, probablement, després l’hongarès de Viktor Orbán). La “resurrecció” de l’article 315.3 del Codi Penal, contra el dret de vaga, i les lleis de seguretat ciutadana i de reforma del CP, contra els de reunió i manifestació i la llibertat d’expressió, són algunes de les seves accions més excepcionals contra la qualitat de la nostra democràcia.
Com a conclusió, diré que la sortida de la crisi i la construcció d’un model de creixement sostenible han de venir acompanyades d’un fort avanç, en la realitat social i política, dels valors de la igualtat i la llibertat; i de la capacitat de promoure mobilitzacions sindicals, socials i polítiques de caràcter supranacional i articular-les amb les que es produeixen en els àmbits nacionals. La lluita per la igualtat i la democràcia són avui, de nou, inseparables. Més capacitat de control democràtic de les institucions polítiques; més participació de la ciutadania en la vida política, inclosa la institucional; i la ruptura dels profunds llaços de mútua dependència entre les elits polítiques i econòmiques són les claus per avançar en la igualtat i la llibertat i per construir un ordre social, nacional i internacional, democràtic, just i sostenible.

Referències bibliogràfiques
  • Krugman, Paul (2012). “Acabad ya con esta crisis”. Ed. Crítica, Barcelona.
  • Kumhof, Michael y Rancière, Romain (2010). “Inequality, Leverage and Crises”. International Monetary Fund. Research Department, Washington.
  • Piketty, Thomas (2014). “El capital en el siglo XXI”. Fondo de Cultura Económica. México,D.F.
  • Stiglitz, Joseph E. (2012). “El precio de la desigualdad”. Santillana Ed.Gen.,Madrid.

lunes, 4 de mayo de 2015

La indecente desigualdad salarial

Ayer domingo publicaba El País un estudio de David Fernández sobre los aumentos salariales en 2014. Los datos más fiables son los que, elaborados por el autor, tienen como fuente los datos registrados por las empresas en la CNMV. Se corresponden con el total de empresas que cotizan en bolsa y con las grandes que lo hacen en el IBEX35. Si existe algún sesgo, es en el sentido de mitigar la desigualdad real por ocultación de alguna parte de las altísimas retribuciones de directivos y consejeros en lo informado a la CNMV.

El resultado del estudio muestra una realidad escandalosa e insostenible: la componente salarial de la desigualdad -no la única que opera, por supuesto, en el desolador panorama de la desigualdad en España- avanzó en 2014 a una velocidad de vértigo.

En el total de empresas cotizadas en bolsa, los salarios de los directivos crecieron como media en un 12,03%, hasta situarse en los 600.000 euros anuales. Los miembros de sus consejos de administración vieron aumentadas sus retribuciones nada menos que en un 17,56%, hasta alcanzar los 376.000 euros al año. Los trabajadores, sin embargo, vieron disminuidos sus salarios en un 0,64%.

En las grandes empresas del IBEX, la comparación es todavía más hiriente: sus directivos aumentaron sus retribuciones en un 12,14%, como término medio respecto a 2013, para rozar ya el millón de euros, 949.000 en concreto. Sus consejeros tuvieron un empujón mayor, nada menos que de un 24,11%, terminando en 612.000 euros anuales. Los trabajadores, a los que directivos y consejeros consideran sin duda completamente ajenos a la mejora de los beneficios de sus empresas, fueron castigados con una disminución del 1,04% de sus salarios.

En un solo año, de 2013 a 2014, el abanico entre los mejor pagados en las empresas del IBEX35 y la retribución media de sus empleados pasó de 75 veces más a ¡104 veces más!

Así no se puede continuar. En primer lugar, porque es una pura indecencia política y moral, que no puede sino destruir las bases de la cohesión de nuestra sociedad, un tal progreso de la desigualdad. Y en segundo, por hablar de algo que puede interesar algo a las élites económicas que no saben razonar en términos de justicia social, porque una desigualdad así va en contra de la productividad de sus empresas y, tal vez, incluso puede acabar provocado una rebelión social, lo cual sería bastante deseable por otro lado.

El próximo día siete habrá una nueva sesión de la agotadora ronda para un posible acuerdo intersectorial para la negociación colectiva. Por el momento, los directivos de la CEOE siguen negándose a que los salarios aumenten por encima del 1%. ¿Será porque a ellos no les han llegado un tal aluvión de prosperidad?